Empiezo con dos, decían. Mi madre decía que siempre tenemos coraje para el sufrimiento de los demás. Y decía Simone Weil (la filósofa, no la política) que «el mal imaginario es romántico, literario, variado; el mal real es gris, desértico, plano. El bien imaginario es aburrido; el bien real es siempre nuevo, maravilloso y vigorizante». Algo así es lo que está pasando con la no publicación del libro El odio, de Luisgé Martín editado por Anagrama. Prohibir un libro nunca es una buena idea, por difícil que se nos haga su lectura. No lo es cuando se trata de Mein Kampf ni lo es cuando se trata de vislumbrar el horror de un parricida asqueroso. Lo importante en estos casos de literatura de la realidad, es su calidad. Truman Capote pasó tres años escribiendo A Sangre fría. Emmnuel Carrère tardó seis años en escribir El Adversario. Ambos son excelente literatura de la que nadie sale indemne. Menos que nadie, el autor. Se exige la no publicación del libro sobre el parricida José Bretón, pero a nadie se le ocurre prohibir la serie de Netflix Adolescencia o cualquier otra de True Crime. Claro, la realidad no, pero si hay una plataforma de por medio... Yo, si lo publica Anagrama, le doy un voto de confianza, porque detrás de la decisión de publicar ese libro no está la venta, está la responsabilidad. Yo, con Anagrama, sí.
Anagrama
29 marzo 2025 21:00 |
Actualizado a 30 marzo 2025 07:00

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