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Carmen Mola: «Meter gusanos en el cerebro es violencia Hollywood»

La saga de Elena Blanco finaliza con ‘El Clan’, pero la historia con el pseudónimo femenino no muere

27 febrero 2025 21:28 | Actualizado a 28 febrero 2025 09:21
Se lee en 5 minutos
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Carmen Mola cierra el círculo. A finales de 2024 Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero decidían no escribir más sobre la inspectora Elena Blanco. Esa que tantas alegrías les ha dado. Tanta fama y beneficios económicos, también. Ahora ya han vuelto a sus andaduras personales, aunque aseguran, Carmen Mola no muere. El Clan es la última novela de la saga, editada por Planeta, en la que la Brigada de Análisis de Casos (BAC), se enfrenta a su peor enemigo, una poderosa organización integrada por personalidades del mundo de la empresa, la política, la judicatura y la policía.

¿Están seguros de que no resucitarán a Elena Blanco?
Antonio:
Hemos tomado una decisión que queremos que sea incontrovertible y clara. No vamos a escribir más sobre Elena Blanco. Aquí terminan sus aventuras. Empezar a crearle nuevas tramas y nuevas historias nos parecía que era estirar el chicle demasiado. Dejar la saga en una colección de cinco buenas novelas nos parece acertado.

El libro es muy duro, en su línea.
Agustín:
En eso no se va a sorprender el lector. Es decir, El clan responde a las características de todas las anteriores. Por un lado, el ritmo y que atrape desde el principio, que cumpla con la primera necesidad de nuestras novelas, que es que sea muy divertida y luego, efectivamente, es muy dura porque nos metemos a hablar de lo que quizás es lo más terrible a lo que se ha enfrentado Elena Blanco que es el sistema y sus garras, que se activan en un montón de sitios: en el tráfico de personas, el tráfico de armas, tráfico de órganos. Hay un montón de derivados del clan que son realmente terroríficos. El lector se va a enfrentar también a otras cosas fuera de la trama, que creo que también son bastante duras, como es despedirse del universo de la BAC, de sus personajes y de Elena Blanco, que a nivel emocional también lleva la historia a un lugar muy interesante.

¿Cómo llevan ustedes las emociones?
Jorge:
Nostalgia. Cuando estábamos escribiendo, evidentemente, yo creo que cada uno por nuestra cuenta teníamos momentos de esa melancolía de que acaba algo a lo que le hemos dedicado muchos años, que nos ha dado muchas alegrías. Supongo que algún día echaremos mucho de menos a Elena Blanco y diremos en qué momento se nos ocurrió acabar con ella. Y nos arrepentiremos. Pero lo superaremos y espero que terminemos encontrando algo que nos entusiasme tanto o más que ella.

¿El clan somos todos? ¿Somos todos mirando hacia otra parte, hacia nuestros móviles?
Antonio: No, yo creo que no somos todos. Una cosa es la indiferencia hacia la desigualdad o hacia los que menos tienen, que en eso, desde luego, sí que creo que estamos todos. Y otra cosa es que además de la indiferencia saques rendimiento económico de la injusticia social, de la desigualdad social, de la miseria ajena. Esto es lo que hace el clan, sacar rendimiento económico, hacer de la desigualdad social un negocio. El clan son las mafias de trata de personas, los traficantes de armas, los que trafican con los que quieren escapar de la pobreza de sus países y buscan una oportunidad, eso es el clan. Y lo intentamos concretar porque es muy difícil, se hace muy abstracto este villano. El lector irá encontrando una manifestación lo suficientemente clara como para que le haga reflexionar un poco y tomar conciencia de lo que está pasando en nuestro mundo.

Es un momento en que Europa sigue poniendo barreras y fronteras a la inmigración. Es un momento delicado también con la extrema derecha en ese debate.
Agustín:
Sí, o sea...evidentemente es un tema político candente. Los movimientos migratorios son inevitables porque vienen de países más pobres. Nosotros, en cualquier caso, donde ponemos el foco, donde la novela se centra, no es en encontrar una solución para eso porque evidentemente no la tenemos. Donde ponemos el foco es en quién se beneficia de todo esto, a quién le interesa que esto sea así y quién lleva las mafias de tráfico de personas. Una cosa son los movimientos migratorios de gente que decide, bueno, por voluntad propia, cambiar de un sitio a otro y otras son las personas que son explotadas y que se convierten en mercancía de las mafias. Entonces, ahí era donde nosotros queríamos meter la llaga, digamos, de quién está ganando dinero con el sufrimiento de los demás, de estas personas.

¿Dirían que es su thriller más real? Es decir, los psicópatas existen, pero la trituradora de carne, los gusanos en el cerebro...
Jorge:
Tú pones a alguien metiendo gusanos en el cerebro o la trituradora de carne... pues por decirlo de alguna manera, es violencia un poco Hollywood, llama mucho la atención. Es muy entretenida, pero no hay nadie metiendo gusanos en el cerebro, no es real. Sí que había alguna realidad, en estas peleas a muerte que había en La Red Púrpura, nos habían contado que habían sucedido hace muchos años, pero no conseguimos encontrar los antecedentes. Pero sí que teníamos la idea de que aquello había pasado. Y en este caso, nos vamos a Liberia a partir de una fotografía, que los tres tenemos en la cabeza, de esos chavales con disfraces que acaban de asolar una aldea, que acaban de pasar a cuchillo a los habitantes, que acaban de entrar en las casas y han cogido lo que les ha gustado y se lo han puesto. Uno lleva un vestido de novia encima del uniforme, el otro una peluca, el otro unas alitas de ángel y todos llevan ametralladoras en las manos. Es una imagen tan fuerte que nosotros no teníamos que crear nada. Solo teníamos que poner en el papel la impresión que nos había causado. Entonces, aunque sea menos truculento, da más miedo.

He leído que han dicho que en África pasan cosas a la luz del día y en Europa durante la noche, que no se ven, pero pasa lo mismo.
Antonio.
Lo que pasa en lugares remotos parece que le ponemos un manto por encima y miramos para otro lado. Es lo que hablábamos antes de la indiferencia, parece que es muy difícil hacerse cargo de los horrores que hay en África, digo África porque es lo que tenemos más cerca y lo que mostramos en esta novela. Aquí invitamos un poco, por medio de esta trama compleja que ponemos en juego, a mirar de frente, aunque sea por unos momentos, realidades generalmente ocultas, con las que nos cuesta convivir.

Cómo les gusta a los escritores de thrillers y novela policiaca a dejar patentes las diferencias entre los departamentos policiales.
Agustín: Una de las cosas que suele tocar la novela negra de manera recurrente son los límites de la moral, los conflictos morales, qué es justo y qué es legal, esa frontera en la que se mueven los personajes y a nosotros nos gusta que nuestros personajes sean más bien grises, que no sean unos héroes de una sola cara, sino que tienen sus matices y en ocasiones uno tiene la sensación de no saber si está del lado de los buenos o de los malos porque a veces se saltan la ley y hacen cosas que no deberían. Pero es una tentación muy humana. Yo creo que si a alguien que estuviera fuera de la policía le das la posibilidad de vengar un crimen que le toca de cerca, se entiende. Entonces, esa posibilidad tan humana llevada a los cuerpos de la ley, coloca a los personajes en dilemas morales que nos parecen interesantes.

¿Con qué se quedan de Elena Blanco después de siete años?
Jorge:
Alegrías. Nos ha dado mejor vida Elena Blanco a nosotros que nosotros a ella. La hemos hecho sufrir mucho. Pero a nosotros ella nos ha dado siete años de carrera fantásticos, nos ha dado al público que, además, se ha convertido en uno de esos personajes que es tanto nuestro como de quienes lo leen. Hay cantidad de personas que vienen a hablar con nosotros, que tienen verdadero cariño por los personajes. O sea, que los viven como propios. El haber creado un personaje así es de una satisfacción absoluta. Entonces, ¿con qué nos quedamos? Yo personalmente me quedo con la satisfacción de haber creado ese personaje.

¿Cómo han cambiado ustedes en ese tiempo con ella? Es decir, han acabado mejores amigos, peores...
Antonio:
Llevamos siete años de aquí para allá con mucho roce creativo. Nos hemos hecho más amigos en siete años porque hemos pasado tiempo juntos y al final, el roce hace el cariño. Como escritores creo que hemos aprendido mucho con Elena Blanco, he aprendido mucho del talento de mis compañeros, que lo tienen y cada uno tiene además un tipo de talento porque el talento no es una piedra. Los talentos de mis compañeros me han ayudado un montón a aprender este trabajo tan bonito y tan complicado, en constante movimiento, como es el arte de la escritura. Yo creo que somos mejores escritores hoy que hace siete años. Y eso también es en muy buena medida gracias a Elena Blanco.

Y para escribir así con tantas manos, el ego del escritor lo tienen que dejar a un lado, entiendo que se editaban entre ustedes.
Agustín:
El ego del escritor es imposible dejarlo a un lado porque es tan grande que no hay donde meterlo. Nosotros hemos encontrado un equilibrio y es un poco increíble que lo hayamos conseguido, pero es así en el que trabajamos muy bien juntos. Trabajamos de manera totalmente horizontal. No hay un jefe dentro de Carmen Mola, sino que esto es una mente colmena en la que todos tenemos que llegar a la misma decisión, estar contentos con lo que hacemos y que no haya ningún tipo de imposición. ¿Cómo se consigue esto? Pues un poco con lo que decía Antonio, con que... vale tú tienes mucho ego pero hay que respetar también el ego de los demás y el talento de los demás. Y saber disfrutarlo. Y es muy gozoso en el proceso ver cómo las historias efectivamente mejoran cuando se mezclan con los demás. Y luego también algo que nosotros hemos tenido superclaro desde el principio de la historia de Carmen Mola es que no somos especialmente importantes, sino que lo importante es la novela y lo que tú quieres es conseguir lo mejor para la novela, no lo mejor para ti. Que la idea que aparezca sea la mejor. Y con esto hemos conseguido ir trabajando, mejorando novela a novela. Al principio éramos más cuidadosos, ahora ya somos más directos entre nosotros. Y no pasa nada.

¿Es cierto que Carmen Mola virará hacia el thriller histórico como ‘La bestia’?
Jorge:
No se sabe. Pero no necesariamente. Sí que tenemos claro que estaremos cerca del thriller porque parece ser que cuando se escribe entre tres hay más posibilidades de hacer un thriller que no teniendo una visión absoluta y personal e intransferible. Encontraremos, buscaremos algún matiz que todavía no esté suficientemente explotado en el que podamos explayarnos otra vez y darle vida a Carmen Mola. Que no llegue el momento en el que las novelas se conviertan en algo cansino, sino darle impulso y escribir novelas de Carmen Mola hasta que ya no podamos más.

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