Madrugada del sábado. Una llamada al 112 avisa de un accidente de tráfico en la rotonda de Les Gavarres, en el kilómetro 13.9 de la T-11 en el término de Tarragona. La emergencia activa a los Mossos de Trànsit, Bombers y SEM.
El registro es a la 1.15 de la madrugada y poco después los primeros vehículos llegan a la rotonda. El coche está dentro de la rotonda, destrozado, en una posición que implica un giro de 180 grados al sentido de la marcha.
Los agentes señalizan la zona crean carriles de seguridad y entran en el espacio donde está el coche. No hay nadie en su interior, solo un coche abollado de color rojo. La matrícula se entra en la base de datos para buscar al propietario y a partir del dato indagar quién estaba al volante.
El conductor y pasajeros (si los hubiera) se han marchado a pie y no hay rastro de ellos. Hoy lunes, el conductor sigue en paradero desconocido, reconocen los Mossos. El coche se lo ha llevado ya la grúa y operarios de mantenimiento de Carreteras del Estado han reparado el quitamiedos.

En redes sociales, la imagen del coche destrozado ha ido de móvil en móvil. Algunos apuntan a que el conductor circulaba borracho, uno de los factores que se contemplan en la investigación.
Lo que nadie comenta es que una malla metálica de 50.000 euros ha salvado a los ocupantes de este coche. Una red que se instaló en 2018 tras registrarse un accidente de tráfico con dos fallecidos. Un coche entró recto en la rotonda chocó contra el quitamiedos y terminó cayendo por el agujero centra de esta rotonda aérea. La caída provocó la muerte de dos ocupantes y dejó gravemente herido al conductor.
El accidente abrió un debate sobre la seguridad de la rotonda aérea de Tarragona. Más allá de la velocidad del coche, que superaba los límites de la vía de largo, el riesgo de caer por el orificio central era probable.
Se decidió reforzar la seguridad de la rotonda con New Jersey de cemento y quitamiedos, además de la instalación de la red metálica, que anualmente se supervisa para que pueda frenar cualquier percance como el del fin de semana.
Quizá no sea consciente el conductor fugitivo, pero la malla levantada en esta rotonda siete años atrás le ha dado una segunda oportunidad a él y a los pasajeros (si los hubiera) en el coche accidentado.