Jimmie, protagonista de la segunda novela de Katharina Volckmer, Polvazo, trabaja en un call center, atiende las reclamaciones de los clientes insatisfechos de la agencia de viajes londinense en la que trabaja. Las razones para llamar son variadas, pero ninguna grave: la voz de una mujer que aparece en un anuncio es desagradable; la cabaña que alquiló el escritor para acometer su gran obra mirando al mar resulta estar llena de surfistas y ¿qué escritor ha escrito nada que cambie el mundo viendo a tipos subidos en tablas surcando olas?; está el viudo reciente que ha acudido al hotel que había reservado con su mujer y que ahora, además del duelo, se enfrenta a una situación muy incómoda para él: desde su ventana ve a dos hombres practicando sexo. Una mujer sospecha que los camareros del hotel se ríen de ella porque repite en el buffet (“¿Está segura de que no son franceses y ya está? La mayoría son así de nacimiento, no lo pueden evitar”, le responde Jimmie); un matrimonio protesta porque no les dejan tomar el sol desnudos y eso arruinará sus planes de obtener un bronceado uniforme. Los problemas del primer mundo que producen insatisfacción en estos clientes denotan que en realidad lo que les sucede es que están solos y tienen ganas de hablar con alguien, por eso llaman. Jimmie lo sabe y les da coba cuando puede, otras veces su respuesta tiene el mismo efecto que echar agua a una sartén hirviendo.
Polvazo transcurre en un día, la jornada laboral que Jimmie pasa atendiendo esas llamadas, huyendo de su puesto de trabajo al baño o a charlar con algunos de sus compañeros. Entre todos forman una especie de Eurovisión de la precariedad: él es de origen italiano; está Wolf, alemán; Elin, sueca; Helena, la española. Hubo también un francés, pero lo despidieron. Entre llamada y llamada, Jimmie rememora algunos momentos: los felices se refieren a encuentros sexuales con uno de sus compañeros; los infelices, tienen que ver con el motivo por el que dejó su anterior trabajo: figurante en entierros contratado por el señor Nobes, dueño de la funeraria. Jimmie inventaba historias de lo más rocambolescas sobre su relación con el muerto, mucho trabajo de mesa de actor. El episodio por el que dejó el trabajo implica también a su madre, a la que llama la Viuda. Jimmie está tan solo como sus compañeros de trabajo y como los clientes que llaman, hasta su gato le abandonó. Jimmie miente, exagera, construye, deforma y fantasea; de alguna manera, logra sobreponerse a todo y hasta llevarse algunas alegrías.
Polvazo es una novela divertidísima y con ritmo –mérito de la traducción al español de Inga Pellisa– sin pretensiones ni asomo de lecciones morales, compone un retablo en cierto modo generacional: son precarios no solo en lo laboral, también en todo lo demás, sobre todo, en lo sentimental. Jimmie es inmaduro y está obsesionado con el sexo y le echa bastante morro a todo, pero en su fragilidad resulta tierno. Y así es imposible no quererlo.

Título: Polvazo
Autora: Katharina Volckmer
Editorial: Anagrama, 2025