La serie Adolescencia, de Netflix, ha batido todos los récords. En sus cuatro primeros días sumó más de 24 millones de visualizaciones y ya es la serie más vista en más de 80 países. Es un producto audiovisual de excelente factura y cuyo magnífico lenguaje cinematográfico meten al espectador en la historia y le llevan a pensar, leer y debatir. La ficción gira en torno a Jamie, un chaval de 13 años arrestado bajo la acusación de asesinar a una compañera de clase.
Su emisión ha encendido el debate en curso sobre el creciente malestar entre algunos hombres en la sociedad actual. Este sentimiento de desorientación surge en un contexto donde los roles tradicionales masculinos han cambiado debido a los avances en la igualdad de género. Como consecuencia, algunos varones buscan refugio en comunidades online conocidas como la «manosfera», espacios virtuales donde comparten experiencias y preocupaciones. Sin embargo, no es raro que en estas plataformas se fomenten discursos de odio misógino y de violencia.
Más allá de condenar la radicalización antifeminista y señalar la fragilidad de ciertas masculinidades, es fundamental comprender y abordar las causas que motorizan el fenómeno para evitar que derive en actitudes perjudiciales para la sociedad —o criminales, como los de la serie. La transformación de los roles de género ha creado incertidumbre en parte de la población masculina, especialmente en quienes experimentan dificultades en lo laboral, lo afectivo o lo social. Muchos de ellos perciben que han perdido referentes claros sobre cómo ser hombres en el mundo actual, lo que puede llevarlos a buscar respuestas en ámbitos donde se les ofrece una visión simplificada y, en ocasiones, extremista de la realidad. Ignorar o minimizar este malestar puede resultar contraproducente, ya que la falta de espacios de diálogo saludables puede empujar a más hombres hacia discursos misóginos y ultras.
En lugar de respuestas basadas en la confrontación o la censura, tal vez sería mejor fomentar modelos positivos de masculinidad, basados en la responsabilidad, la empatía y el respeto a la igualdad. Promover una identidad masculina constructiva a través de la familia, la escuela, el entorno profesional y social, y el entretenimiento se presentan como herramientas clave para evitar que el descontento y la ignorancia se transformen en resentimiento y violencia.