Reus recupera orgullo e identidad por el fútbol

El equipo de Marc Carrasco, que roza el ascenso a Segunda RFEF, reunió a 3.500 espectadores ante el Girona B, muchos de ellos jóvenes apasionados

31 marzo 2025 13:58 | Actualizado a 31 marzo 2025 13:58
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«Hay más gente hoy que muchos días en Segunda A», se oía en los vomitorios de acceso al Estadi. El clima inspiraba día grande, el club, horas antes, había anunciado la venta de más de 1.000 entradas anticipadas. Familias enteras, engalanadas con la bufanda o la camiseta rojinegra de turno, actual o de épocas prehistóricas, asomaban con entusiasmo. Poco a poco, el aspecto del recinto se inundaba de color.

Mientras, en la oficina que Marc Carrasco y Javi Robles frecuentan en las entrañas del Estadi, se cocinaba al detalle el plan. Los dos técnicos, reunidos desde una hora y media antes, creaban una obra que poco después iba obtener frutos mayúsculos. Le cambiaron el paso al Girona B, el rival, el enemigo directo por el ascenso.

El staff preparó un once con tres centrales, Molina, Alarcón y Pol Fernández, un dibujo que acomodó mejor a los centrocampistas, más liberados para que su buen pie luciera en ataque. Además provocó que el Girona no hallara grietas entre líneas, ese juego de filtreo de balón que tanto domina. La propuesta funcionó desde el arranque, el Reus sintió una comodidad sorprendente si se tiene en cuenta el contexto. Probablemente ofreció su mejor actuación de la temporada.

El disfrute

Mientras se acumulaban ocasiones de gol y el registro de la posesión aumentaba, el público, atónito, no ocultaba el disfrute. El primer gol de la tarde, obra del de casi siempre, Joan Torrents, desató el delirio antes del descanso. Los hinchas, muy implicados en la causa sentían felicidad, fue como recuperar orgullo a raudales, un ejercicio de identidad necesario.

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En el respiro se intuía una calma chicha poco normal, nadie imaginó una velada tan sencilla, con tan poca resistencia de un rival al que, quizás, le vino grande el partido. Sorprendido por la puesta en escena del Reus, el Girona B no dio con la tecla, no modificó su estado, ni siquiera su único disparo al poste en la inauguración del desenlace, modificó el panorama.

Los aciertos de Aitor Serrano y Pau Russo confirmaron una superioridad casi delirante. El Estadi encendió su estado de euforia, los minutos finales sirvieron para celebrar, casi para ensayar el alirón del ascenso que, incluso, podría producirse este próximo fin de semana si los resultados coinciden. Debe ganar el Reus al San Cristóbal y perder el Girona ante el Cerdanyola. Si eso no ocurre, la fiesta quedaría para dentro de 15 días en casa. Todo muy idílico.

El reto del club ahora se relaciona con mantener ese pulso de ciudad. Que la ilusión que genera el equipo se mantenga con el consumo del tiempo y no se convierta en flor de un día. Que los adeptos y adeptas frecuenten el Estadi con el sentimiento de pertenencia que exhibieron el domingo.

El tercer ascenso en cuatro años del Reus va a consumar un hecho un histórico, poco esperado para los que creían que el fútbol había muerto en la ciudad. La Segunda RFEF aguarda. Ideal para seguir construyendo.

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