Las últimas jornadas de viento han evidenciado la efectividad de los captadores de arena instalados en las playas de Calafell para retener sedimento que permita evitar la erosión y disponer de reservorios que poder extender en las zonas más afectadas por las mareas.
Hace ya tres años que en las playas de Calafell se colocan esas encañizadas con el objetivo de detener la arena desplazada por el viento. Esas trampas de arena se colocan durante los meses de invierno ya que es la época en la que hay más jornada de viento.
Desde el Ayuntamiento señalan la efectividad del sistema que replica a la acción que realizan las plantas e su estado natural y que permiten generar dunas. De hecho la acción de los captadores acabaría creando incipientes sistemas dunares que para consolidarse deberían contar con plantas para asentarlas con sus raíces.
Este año la colocación de los captadores ha ido a cargo de la empresa municipal Cemssa. Hace unos años fue a cargo de una empresa que facturó al Ayuntamiento unos 4.000 euros por el empleo de la maquinaria, personal y el servicio además del IVA.
Ahora el coste es el del material. La compra de las medias cañas con las que se montan esas empalizadas es de 1,40 euros el metro y se colocan una treintena de captadores en todo el frente litoral, entre lo que hay algunos recuperados de la pasada temporada.
El objetivo es retener arena desplazada por el viento. En este sentido en días de temporal de viento una gran cantidad de arena acaba en el paseo marítimo.
Pero como explica el concejal de Ecología Urbana, Aron Marcos, ese sediento no se barre. «Esa arena se retira y vuelve a depositarse en la playa». Porque en una jornada de viento intenso son muchos los m3 de arena que pueden acabar en el paseo marítimo.
La iniciativa de plantar especies en una zona anexa al paseo evita que ese sedimento salte a la trama urbana y pueda perderse. «Son muchos m3 al año», señala el concejal.