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Protestas en EEUU entre la libertad de expresión y la responsabilidad

En una democracia liberal el derecho a la libertad de expresión debe estar garantizado, pero la libertad de expresión no es absoluta y debe ejercerse de manera responsable

05 mayo 2024 19:56 | Actualizado a 06 mayo 2024 07:00
Gustau Alegret
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Las recientes protestas en varios campus universitarios de Estados Unidos, en respuesta a la guerra en Gaza, han generado un intenso debate sobre el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y los límites de la protesta civil. Se gestaron hace semanas y han ido creciendo.

Más de una decena de universidades, algunas de élite como la de Columbia en Nueva York o UCLA en California, han albergado las más numerosas. Estudiantes, profesores y otros ciudadanos se han unido para protestar contra la guerra. Es innegable que la situación en Gaza ha provocado un profundo sentimiento de indignación y rechazo no solo en esos ambientes universitarios sino en miles de estadounidenses.

Este rechazo a la guerra no es nuevo en Estados Unidos; históricamente, las universidades han sido semilleros de movimientos pacifistas que luego se extendieron, albergando protestas en contra de conflictos bélicos.

En una democracia liberal como la estadounidense, el derecho a la libertad de expresión está garantizado por la constitución, y la protesta pacífica es una de las formas legítimas de ejercerlo. Sin embargo, es crucial recordar que la libertad de expresión no es absoluta y debe ejercerse de manera responsable y respetuosa.

Algunas de esas protestas, que surgieron de manera espontánea y pacífica, han derivado en hechos de destrucción de mobiliario o instalaciones educativas, así como la promoción del antisemitismo, y ninguno de estos hechos está amparado por la libertad de expresión.

No hay duda de que la guerra en Gaza está siendo brutal, y la falta de proporcionalidad en la respuesta de Israel es evidente. Protestar por esa respuesta israelí es legítimo, sin embargo, también es fundamental condenar la violencia de Hamás (no sólo de ahora) y, por supuesto, el salvaje atentado del 7 de octubre.

La parcialización de la protesta y la ausencia de críticas hacia Hamás alimentan actitudes antisemitas peligrosas y están poniendo en riesgo la integridad de los estudiantes judíos en los campus.

La universidad es un espacio de debate y reflexión donde deben prevalecer la diversidad de opiniones y el respeto mutuo, y las recientes protestas estudiantiles no están preservando este espíritu. En algunos casos se han radicalizado y, directa o indirectamente, han alentado la violencia.

Es preocupante observar cómo algunos estudiantes, en lugar de expresar sus opiniones de manera constructiva, recurren a la intimidación y la agresión contra aquellos que piensan diferente o que pertenecen a determinados grupos étnicos o religiosos.

Irónicamente, quienes dicen estar ejerciendo su derecho a la libertad de expresión provocan la supresión de ese mismo derecho del otro. Dos ejemplos: profesionales propalestinas que iban ataviadas con su kufiya, el tradicional pañuelo que se usa en muchas partes del Medio Oriente, denunciaron haber sido increpadas al grito de «terroristas»; y estudiantes judías que por exhibir un colgante con la estrella de David, símbolo generalmente reconocido tanto de la identidad judía como del judaísmo, sufrieron el mismo episodio. Y esto, en Estados Unidos, país que gusta ser reconocido como el abanderado de la libertad.

El derecho a la protesta es fundamental en una sociedad democrática, pero también lo es el respeto a los derechos y la seguridad de quienes no protestan o piensan distinto.

Hoy, tras semanas de movilizaciones, algunas de esas protestas estudiantiles en Estados Unidos contra la guerra en Gaza han dejado de ser un espacio para la expresión pacífica y el diálogo, con episodios de violencia y odio. Por eso, las autoridades académicas han pedido a la policía que intervenga, que restaure el orden y que garantice los derechos de todos los miembros de esas comunidades educativas.

Desmantelar los campamentos, terminar con las barricadas y garantizar la seguridad en los campus no va en contra de las libertades. Estas se deben ejercer y promover en un ambiente de respeto y tolerancia, donde las ideas puedan debatirse libremente sin temor a represalias o discriminación, y la parcialización de las protestas y algunas actitudes o hechos violentos estaban desvirtuando ese legítimo derecho.

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