¿Sabía usted que la parte más antigua de Tarragona se encuentra en el suelo del Amfiteatre y tiene aproximadamente unos 230 millones de años? ¿Sabía que la mayoría de fósiles que cohabitan son un buen indicador de la antigüedad de las rocas y que se sitúan en el Mioceno, unos 15 millones de años atrás? Estas curiosidades y otras muchas forman parte de un itinerario geológico que en el futuro podría incluirse en el elenco de la oferta turística de Tarragona.
Hace un par de meses, en el marco de la Geolodía (una jornada de divulgación de esta ciencia promovida por la Sociedad Geológica Española), se realizó una primera visita por diferentes puntos estratégicos de la ciudad para explicar, de una forma amena, cómo se formó el suelo que asienta esta ciudad y que escribió por primera vez su nombre en la historia con la llegada de los romanos hace 2.230 años.
La ruta por la geología tarraconense abarcaría un recorrido de unos cuatro kilómetros, donde se podrían ver diferentes señas de identidad. El itinerario nace en la misma loma de la ermita de la Salut, la mejor atalaya natural para observar con perspectiva las singulares características de la ciudad y de su entorno inmediato. Desde allí «se puede observar la estructura geológica del subsuelo de la ciudad», explica David Albalat, geólogo profesional.
Rocas de la era mesozoica (entre 230 y 65 millones de años de antigüedad) combinadas con otras del cenozoico (desde los 65 millones de años hasta la actualidad) abarcan buena parte de la orografía general. La geología divide las eras en periodos y éstos en épocas y edades con el fin de precisar en la medida de lo posible la datación de las rocas y ofrecer teorías de los movimientos tectónicos que ha sufrido esta zona del planeta (que en su conjunto tiene unos 4.600 millones de años).
¿Y cómo sabemos la edad de una roca? Hay diferentes métodos. «Un principio básico de la geología dice que el estrato que está debajo es más antiguo del que se deposita encima», argumenta Albalat. «Además, hay otros sistemas más precisos que mediante mediciones radiométricas nos dan una edad absoluta de esa roca», añade Àlex Ossó, un amante de esta ciencia.
El enigma del Llorito
Desde la ermita de la Salut, la panorámica abarca desde el mar hasta la ermita del Llorito. Este templo está situado encima de unas rocas del periodo Jurásico (entre 199 y 145 millones de años). Pero lo curioso es que los estratos de debajo son más jóvenes. «Esto se puede explicar con dos teorías: el movimiento tectónico provocado por fuerzas compresivas habría levantado las rocas más antiguas y las habría situado encima. O la segunda opción sería que otras fuerzas telúricas, en este caso distensivas, habrían configurado las capas en un punto diferente al actual y luego, por deslizamiento, estas rocas jurásicas se habrían colocado encima», dice el geólogo.
Las dos teorías carecen de la prueba definitiva para darle la veracidad absoluta a una de las dos, por ello aún no está claro cómo las rocas jurásicas se asentaron encima de unas más jóvenes, del periodo Paleoceno, entre 65 y 55 millones de años.
Desde la ermita, la ruta nos lleva hasta la avenida de Joan Fuster y luego al Portal de Sant Antoni. Las dolomías y las calcareas configuran parte de este paisaje. «Se puede ver la piedra de Santa Tecla, muy parecida al mármol, y que es del periodo cretácico. Su dureza y la posibilidad de moldearla fue ideal para usarla como roca ornamental. En cambio, la roca calcárea amarillenta del Mèdol, de edad miocena (en torno a 15 millones de años), fue ideal para levantar las murallas», dicen Ossó y Albalat.
Los romanos sabían dónde fortificaban. El montículo donde se asienta la Part Alta era un punto de visión perfecto para controlar el vasto territorio, pero además «era la parte más sólida para levantar las murallas defensivas», dice Albalat.
La pista de los fósiles
Otro marcador temporal para fechar una roca o un estrato es el contenido fósil del mismo. En Tarragona se pueden encontrar una gran variedad de fósiles marinos incrustados. «Son fósiles que permiten datar la piedra y situarla en una era en concreto», añade Ossó. «La época del Mioceno (entre 23 y 5 millones de años) es muy rica en fósiles de diferente origen que permiten poner fecha a esa orografía», dice Albalat. Uno de los puntos de mejor visión son las rocas de la playa de L’Arrabassada.
Otra de las paradas más interesantes desde el punto de vista geológico se encuentra en el Amfiteatre, construido a finales del siglo II después de Cristo. Las gradas, de roca muy dura, son del Triásico y Jurásico, de las más antiguas, pero el foso es una superficie más moldeable e impermeable. «Parece claro que los romanos tenían conceptos básicos para saber cómo y dónde construir, ya que aprovecharon la roca dura para las gradas y accesos y dejaron la más moldeable para el foso», concluyen Albalat y Ossó.
Esta ruta «sería un buen reclamo para el turismo, ya que es una forma de ver la ciudad con otros ojos. Se complementaría con la época romana o medieval, los itinerarios más consolidados», opinan los dos.