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29.000 familias de la provincia tienen a todos sus miembros en paro

Son especialmente clase obrera, en algunos casos familia numerosa, que ilustra el perfil de un nuevo pobre autóctono

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RAÚL COSANO | 14/05/2012 19:40
Angustias Jiménez (izquierda), la cabeza de familia de un hogar en Campclar. Son siete miembros y ninguno está ocupado. - LLUÍS MILIÁN

En casa de Angustias Jiménez son siete y nadie trabaja. «Nuestra situación es lamentable», dice contundente David Álvarez, uno de los hijos, de 34 años y dos ya en el paro y sin subsidio. «Estoy abierto a todo, me agarro a un clavo ardiendo pero no hay trabajo de nada. Antes hacía algunas chapucillas, la chatarra…pero ahora nada», y lo dice él, un todoterreno cuyo último empleo fue de camionero, aunque también estuvo cinco años de encofrador o dos de paleta, y también probó la vendimia. Su hermana, madre de tres hijos, también lleva varios años sin un empleo. Su marido cobra una pensión de invalidez, sólo unos pocos ingresos que se añaden a los 600 euros que se embolsa Angustias, cabeza de familia, desde que quedara viuda hace dos años. «La situación es precaria. Casi 400 euros ya se van en la hipoteca», explica David.

A partir de ahí, hay que hacer malabares para llegar a final de mes, entre esas nimias aportaciones y alguna ayuda a los hijos. «Una semana comes sopa todos los días, porque no hay otra manera de aguantar», cuenta David, que añade: «Hay un montón de familias del barrio que están en esta situación».  Lo certifica Hernán Jiménez, presidente de la Asociación por la diversidad de la inmigración. «En Campo Claro hay bloques enteros en los que no trabaja nadie», diagnostica.

Son hogares en los que, como el de los Álvarez Jiménez, la ayuda de entidades como Cáritas o Cruz Roja se hace indispensable. «Siempre ayuda, pero nuestra situación es fatal. Sufrimos ansiedad…», cuenta David. «Tenemos asistente social pero los alimentos que nos dan apenas cubren. Estamos muy mal y hay más gente en el barrio con esta situación, pero la esperanza nunca se pierde», comenta Angustias. Familias como ésta, con todos los miembros en el paro, hay 29.000 en toda la provincia, 4.400 de ellas en el último año, cuando han aumentado en Tarragona un 15% el número de hogares en los que ninguno de los ocupantes está empleado. En los dos últimos años 5.300 viviendas tarraconenses han entrado en esta tipología y eso es sólo un reverso más del acuciante paro que no hace más que aumentar. En toda España los hogares con todos sus miembros desempleados alcanzaron los 1,72 millones, convirtiéndose en potenciales moradas que van camino del desahucio. Prueba de ello es el testimonio de Magda y Manu, un matrimonio con tres hijos de La Canonja que se quedó en paro y que a punto ha estado de ver cómo era desalojado de su piso –lo evitó en dos ocasiones la Plataforma de Afecatados por la Hipoteca–.

No pagar la comunidad

Pedro Sánchez, presidente de la Federació de Veïns Segle XXI y de la asociación de vecinos de Sant Salvador, traza un poco de mapa del fenómeno: «Esa circunstancia en la que todos los miembros de la familia están en paro afecta especialmente a barrios obreros. Se trata de casos en los que se ha dejado de cobrar incluso el subsidio del paro y se han quedado sin ingresos».

En un trabajo de campo casi improvisado, fruto de seguir el pálpito del barrio desde bien cerca, el propio Sánchez elabora una estadística a grosso modo, poco científica pero sintomática: «Cada cuatro pisos, en la mitad hay al menos una persona desempleada». La asociación de vecinos se convierte a veces en receptora de personas más o menos desesperadas. «Vienen y nos preguntan por algún trabajo, por si sabemos de algo… Nosotros les damos apoyo e intentamos ayudar», cuenta Pedro, que define otras problemáticas derivadas de esta falta de recursos cada vez más generalizada: «Hay que comer y pagarle al banco. Por lo tanto, lo primero que se deja de pagar es la comunidad», aporta Sánchez. Eso da lugar en muchos bloques al deterioro, que puede ir desde la dejadez en la limpieza a la falta de mantenimiento en el ascensor. «A veces en inmuebles de 20 vecinos sólo pagan cinco», concreta Sánchez. Es otra consecuencia de la coyuntura: los impagos y los retrasos ahogan a las comunidades de vecinos. ¿El resultado? Más de 6.000 bloques de la provincia tienen morosos, según datos de 2011.

Antoni Peco, de la Federació de Veïns, habla de otro paisaje habitual: «Se ve a mucha gente rebuscando en los contenedores. Es algo que afecta a zonas periféricas, donde se acumula la mano de obra menos especializada».Otra persona que conoce bien esta realidad es Isabel Iturrieta, delegada en Reus de la asociación Diversidad por la inmigración, y trabajadora social de Cáritas: «Hay muchísima gente cobrando el subsidio de los 400 euros y siendo familia numerosa».

Más allá de la afectación a los autóctonos, la crisis y por ende el paro golpea con marcada virulencia al inmigrante. «El colectivo al que más azota la crisis está siendo el marroquí», explica Isabel, que detecta también otro fenómeno: «Muchos inmigrantes están volviendo a su país. No es algo masivo pero sí es una tendencia que detectamos. Es sobre todo gente de Sudamérica con ese perfil de familias que están en paro, que han perdido su casa…».

En ese grupo se incluye Mohamed Lafhami, marroquí de 37 años que lleva 12 viviendo en Torreforta. En su casa, seis personas viven con los poco más de mil euros que cobra del paro, una cifra que irá descendiendo progresivamente. «Estoy en paro desde que empezó el año. En 2011 trabajé en la construcción pero antes había estado dos años parado. Cuesta mucho llegar a final de mes», cuenta. Lejos queda aquel año 2000, cuando llegó aquí solo: «Cuando llegué, a la semana ya estaba trabajando».

El trasfondo de la situación es el aumento de la actividad en entidades como Cáritas, Creu Roja o el Banc d’Aliments, que se han convertido en la salvación para buena parte de estas 29.000 familias desempleadas.





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