Josep Fèlix Ballesteros (PSC) empieza a tener claro que no pasará todo su segundo mandato como alcalde de Tarragona con el gobierno en minoría que tiene en la actualidad, formado por sólo 12 de los 27 concejales que tiene el Saló de Plens. Por ello, y pese a que desde el primer día de la nueva legislatura anunció su intención de formar un gobierno estable con CiU o PP, el máximo representante municipal ya ha mantenido varios contactos «informales» con representantes de ambas formaciones para analizar las posibles vías de acuerdo y sellar, por escrito, la incorporación de nacionalistas o populares al ejecutivo local.
Y es que prácticamente transcurrido ya el primer año desde la celebración de las elecciones municipales de mayo de 2011, la opinión mayoritaria de los portavoces locales es que el gobierno en minoría tiene demasiados problemas para poder gestionar los grandes temas de ciudad.
Paralelamente, desde el gobierno de la Plaça de la Font se tiene claro que no se quiere «sudar tinta» cada año para poder aprobar las ordenanzas fiscales y los presupuestos, como sucedió hace pocos meses, cuando los sacaron adelante gracias a la abstención del PP. Por ello, ya se están explorando, de manera no formal, algunas vías de diálogo.
La alcaldía no se negocia
Como no podía ser de otra forma, las principales conversaciones se han llevado a cabo con el gran socio socialista de estos primeros 365 días de mandato: el Partido Popular. A lo largo de estos doce meses la sintonía entre ambos partidos ha sido buena, por lo que no podría descartarse, para nada, la posibilidad de que los populares entraran a gestionar algunas áreas de la corporación local.
Sin embargo, las embrionarias negociaciones entre Ballesteros y Alejandro Fernández han chocado en un punto clave. El líder del PP quiere un año de alcaldía, un extremo que el máximo representante socialista no está dispuesto a aceptar.
Como ya asegurara tras los comicios del 22 de mayo de 2011, Ballesteros podría ceder algunas concejalías de peso y la presidencia de algunas empresas municipales, pero nunca el despacho de la Plaça de la Font. Éste es, en estos momentos, el gran punto de conflicto que parece que podría haber descartado definitivamente la incorporación de los populares al gabinete municipal.
Tanto es así que cinco de los siete concejales del PP tienen otras ocupaciones lejos del Saló de Plens. Alejandro Fernández está en el Congreso de los diputados; Jordi Roca está en el Parlament de Catalunya; Judith Heras es la jefa de gabinete del Subdelegado del Gobierno; José Luis Martín es diputado provincial, y Pilar Juárez está en el Consell Comarcal.
Desde el PSC se reconoce la necesidad de «formar un gobierno estable», si bien se deja claro que «no hay ninguna oferta formal ni negociación con ningún partido». Pese a ello, se indica que «el clima de diálogo ha mejorado a lo largo de los últimos meses».
Cambio de rumbo de CiU
Paralelamente, desde el PSC tampoco se descarta llegar a un acuerdo con Convergència i Unió. De hecho, la mayoría de la militancia socialista preferiría una sociovergència a un acuerdo estable con el PP, si bien desde el grupo municipal varios son los concejales que afirman estar «muy cómodos» con el «pacto a distancia y de no agresión» que hay entre socialistas y populares.
Precisamente, este acuerdo no escrito ha provocado que Convergència i Unió haya dado la espalda al gobierno local, votando en contra las dos grandes decisiones de lo que llevamos de mandato municipal: las ordenanzas fiscales y el presupuesto. Tanto es así que el pasado mes de octubre la portavoz de CiU, Victòria Forns, descartó «por completo» la sociovergència.
Sin embargo, transcurridos varios meses desde entonces, la situación ha cambiado de manera importante. Fuentes nacionalistas se muestran partidarias de llegar a más acuerdos con el gobierno de Ballesteros y, de hecho, más de un representante de CiU considera que sería necesario sellar un pacto con los socialistas, a cambio de que Victòria Forns fuera la primera teniente de alcalde. Además, las declaraciones realizadas en algunos medios de comunicación por el nuevo presidente del Comité Local de CDC, Joan Basora, han alimentado las especulaciones.
El nuevo líder convergente en la ciudad de Tarragona ha manifestado esta misma semana su posicionamiento «a favor de un pacto» estable en el consistorio. «No sabemos el precio que querría poner Ballesteros. Nosotros querríamos un mejor control del gasto y una mayor reivindicación de los valores de Tarragona», indicó Joan Basora hace apenas unos días al diario digital tottarragona.cat.
De momento, lo único que parece descartado es una moción de censura que permitiera un acuerdo entre CiU y PP. Las frustradas negociaciones del año pasado aún están muy recientes. Además, la situación a nivel nacional, con la negociación por el Pacte Fiscal de por medio, no parece que permita que las relaciones entre las cúpulas de ambos partidos puedan facilitar un hipotético acuerdo. Por si fuera poco, el empate técnico a siete concejales de las últimas elecciones, con sólo tres votos de diferencia, crea aún más tensiones, ya que la negociación sería de igual a igual.