TARRAGONA

Las mil caras de Ballesteros

Juega a pádel, canta, cocina, va en bici y se da un chapuzón. El camaleónico alcalde aprovecha los eventos para romper el protocolo y acercarse al ciudadano a través de variopintas actividades.

RAÚL COSANO - 07/02/2010 17:42
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Parece un cómic de aventuras: Ballesteros jugando a fútbol, Ballesteros nadando, Ballesteros en bicicleta, Ballesteros cantando una canción de La Unión, Ballesteros cocinando... El alcalde de Tarragona parece Teo, o Tintín, o cualquier personaje de tebeo que no duda en ponerse en la piel de otros por un rato. Casi un Mortadelo. Como cantaba Sabina en La del pirata cojo, «con un poco de imaginación, partiré de viaje enseguida, a vivir otras vidas». En los últimos meses, a Josep Fèlix le gusta dejarse ver haciendo lo que hace la gente normal. El político cercano que mimetiza con el pueblo, el que escucha a los jóvenes, el que sale a la calle y escucha en directo lo que le reclama airado un tarraconense indignado; versátil, camaleónico, ameno e informal. No todo van a ser despachos, balances económicos y formales plenos. Que se inaugura una pista de pádel, pues a probarla; que se tercia una pachanga futbolera con la ‘muchachada’, pues a calzarse el uniforme y, si hace falta, compartir sudores con el concejal de deportes.

El último traje que se ha enfundado el alcalde ha sido el de cocinero. De la mano del galardonado chef Txaber Allué se marcó una sepia con patatas para los periodistas y encadenó el acto con una nueva promesa: un partido de baloncesto con los medios. A ver si es verdad.

También esta semana fue de los primeros en probar el nuevo carril bici a la altura de Campclar. Ballesteros disfruta con esto. Darse un chapuzón en agosto para combatir la esclerosis múltiple o jugar un partido con los periodistas por Navidad siempre son platos de buen gusto, a pesar de los efectos colaterales: poco después se tuvo que operar de la rodilla.

La convalecencia no le impidió, por ejemplo, participar el año pasado por Santa Tecla en el Seguici Popular, enfundándose la vestimenta de Nano Marquès, en una larga tradición. También tocó la gralla en sus tiempos mozos.

¿Qué le queda por hacer? Seguramente no demasiadas cosas, porque en su extenuante agenda de eventos curiosos también ha conducido uno de los carros de los Portants del agua por Sant Magí, se ha embutido en el uniforme ‘oficial’ de Santa Tecla, ha borrado las líneas de la zona azul, ha jugado en un futbolín gigante y se convierte en paleta por unos minutos cuando coloca las primeras piedras. Chico para todo.

Pero en otros terrenos Ballesteros no se desenvuelve tan ducho. Le cuesta, claro está, entender el día a día de algunos jóvenes. Lo pasa mal cuando cuatro skaters le agasajan con conceptos como half pipe. «Me hablan de barandas, de escaleras y de muros y no tengo ni idea de lo que es», reconoce él entre la humildad y la perplejidad, rodeado de chavales que le avasallan con preguntas en el Parc del Francolí. En esta ocasión, se ahorró una demostración de kickflip o grind. Si no se mete de lleno en la actividad, al menos escucha las reivindicaciones. En la serie Tarragona Next, su propósito es acercarse a los jóvenes. Ha visto cómo los grafiteros le piden más espacios para sus obras o cómo el grupo de power pop Z-30 reclama lugares para los músicos, antes de que el alcalde se anime a cantar durante un ensayo Lobo hombre en París.

Por si fuera poco, Pep, que así le llama el ciudadano en las distancias cortas, reta a los jóvenes a que le hagan todo tipo de propuestas vía facebook, porque no hay que perder el tren de las nuevas tecnologías. No habrá acto que se resista al ímpetu de Ballesteros para ser otra persona durante un rato, para aprovechar su condición de político y vivir más vidas o, simplemente, conocer otras Tarragonas que no tienen que ver con concejalías solemnes ni presupuestos fríos.

Y siempre habrá una cámara o un fotógrafo para inmortalizar el momento, a veces aderezado con la presencia de otros políticos que también quieren bajar a la calle y hacer añicos el plúmbeo protocolo. Como cantaban Astrud, «hay un hombre en España que lo hace todo». Pues ya sabemos quién es.





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