Las tres activistas del grupo punk ‘querían ofender a los sacerdotes y a los creyentes’, según la sentencia judicial
Tres miembros del grupo musical punk y activista Pussy Riot fueron condenadas ayer a dos años de cárcel tras ser halladas culpables del delito de «vandalismo motivado por odio religioso» por haber irrumpido en la mayor catedral ortodoxa de Moscú el pasado febrero, y cantar una canción con la que pedían la dimisión del entonces primer ministro y hoy presidente del país, Vladimir Putin.
Las jóvenes llevaron a cabo una acción «meticulosamente planificada», según la juez Marina Sirova. «Eran conscientes del carácter ofensivo de sus acciones y su aspecto. Pretendían atribuir gran resonancia a su actuación, ofender tanto a los sacerdotes como al amplio público en general e infligieron una fuerte ofensa a los creyentes ortodoxos», señala el veredicto.
El caso ha puesto en evidencia las divisiones políticas y religiosas en la sociedad rusa.
La embajada de EEUU en Rusia consideró en Twitter que la sentencia es «desproporcionada», al igual que la alta representante de Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, que expresó su «decepción» y dijo esperar que «se revise y revierta».