La labor iniciada por mosén Cabayol ha permitido construir 8.600 casas y dos escuelas para más de 5.000 alumnos
La acción misionera que la iglesia diocesana de Tarragona está llevando a término en Kampanga, Ruanda, está dando los primeros frutos. Hace unos días, mosén Jordi Figueras, vicario episcopal de Tarragona, llegó de Kampanga a donde se trasladó para conocer el estado de esta labor misionera iniciada hace años por mosén Josep Cabayol.
«El balance de mi visita a Kampanga ha sido muy positivo al comprobar la evolución de la tarea que se está llevando a cabo desde el complejo parroquial», ha manifestado mosén Figueras. Según ha explicado, la misión en Kampanga se halla en una franca progresión en todos los aspectos, pastorales y sociales.
Desde el año 2000 al 20012, mosén Josep Cabayol era el único sacerdote residente en Kampanga. Ahora, la situación ha cambiado de una forma extraordinaria.
«En la actualidad, en la iglesia parroquial de Kampanga hay un párroco nativo y tres vicarios, también nativos. Es decir, junto con mosén Cabayol, hay cinco sacerdotes para atender a cinco lugares de culto en cada uno de los cuales, cada domingo, se celebran dos misas. Hay que destacar, por otra parte, que se celebran mil bautizos cada año, lo cual da idea de la permanente progresión de la Iglesia local», relata mosén Figueras.
Más vocaciones
La tarea de la misión también comporta el fomento de las vocaciones. En ese sentido, mosén Figueras asegura que «ciertamente, hay un incremento de las vocaciones tanto entre los aspirantes al sacerdocio como en las comunidades religiosas. Pero hay, además, otro dato importante: se da la circunstancia de que nativos que habían abandonado la Iglesia católica para incorporarse a otras religiones o sectas, vuelven a nosotros».
Junto con esa labor de apostolado, la misión de Kampanga realiza una notable labor social. Mosén Figueras recuerda que, gracias a la iniciativa de Mosén Cabayol, se construyeron 8.600 casas. Asimismo, a través de las donaciones que llegan a Kampanga, se ha efectuado una captación de agua potable que se distribuye entre la población a través de cuatro fuentes. A ello hay que añadir el funcionamiento de dos escuelas con una capacidad para más de cinco mil alumnos.
«Esa labor social es muy importante, teniendo en cuenta la dramática situación económica de la población. Hace unos días, se repartieron 25 kilos de judías para cada una de las 140 familias que acudieron al complejo parroquial», explica el misionero.
El complejo parroquial de Kampanga, levantado con la participación de la Iglesia diocesana tarraconense, es el centro de las actividades de la misión.
Actualmente, el complejo tiene aún pendientes de ejecución tres fases: la más importante, levantar una valla alrededor del centro. Posteriormente, se habilitará una sala para las actividades de Cáritas y de la catequesis y, finalmente, se construirá una sala polivalente.
Mosén Jordí Figueras destaca que el centro parroquial se ha levantado con unas condiciones de absoluta funcionalidad para los servicios que presta, teniendo en cuenta, además, las condiciones climatológicas del territorio, caracterizadas por las intensas lluvias que han obligado a instalar unos desagües especiales para mitigar los efectos de las precipitaciones.
El obispo de la diócesis de Ruhengeri, monseñor Vincent Harolimana, ha expresado su agradecimiento por la labor que la iglesia diocesana de Tarragona está llevando a cabo en Kampanga. Con su visita a esa misión, mosén Jordi Figueras ha ratificado el balance positivo de una labor que ha dado, ya, sus primeros frutos. Ello no obstante, la tarea sigue adelante para la cual son necesarias nuevas aportaciones económicas que pueden canalizarse a través de la Delegación Diocesana de Misiones.
El eje Tarragona-Kampanga constituye un puente de solidaridad, no sólo pastoral sino también económico y social.