En febrero de 1993, durante el transcurso de un partido de fútbol entre el Deportivo y el Sevilla, el por entonces entrenador sevillista, Carlos Bilardo, protagonizó una de las frase más célebres en la historia de este deporte. El excéntrico entrenador argentino abroncó a su masajista («písalo, písalo») porque estaba dándole agua a un jugador del equipo contrario, en vez de atender al sevillista Maradona, tendido en el suelo. Bilardo justificó posteriormente su comentario asegurando que él siempre consideraba al rival como un enemigo.
Las connotaciones bélicas del mundo del fútbol se han quedado cortas estos días tras la desafortunada frase del Jefe Superior de Policía de Valencia, Antonio Moreno, quien el pasado lunes se quedó tan ancho calificando a los estudiantes que se manifestaban por las calles de Valencia como «el enemigo». Ya sabemos que hace tiempo que este tipo de concentraciones son aprovechadas por una minoría radical para alterar el orden público. Pero este hecho no justifica, para nada, la desproporcionada intervención de los antidisturbios contra todo el que se movía en ese momento, demostrando una vez más lo floja que tienen la porra. Para acabar de rematar la faena, después sale su jefe y califica de ‘enemigos’ a los ciudadanos que tiene la obligación de servir. Sencillamente, lamentable.