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¿Dónde está la dignidad?

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LLUÍS GONZÁLEZ | 10/06/2011 10:14

La humildad debería ser el principal estandarte de la clase política y la vanidad su peor enemigo. Lo peor que le pueda pasar a los políticos –y por extensión a quienes deben ser gobernados por ellos– es que el éxito, tras unas elecciones, se les suba a la cabeza. Como diría un gran periodista de esta casa, «que Dios nos coja confesados» si así ocurre. Y está ocurriendo. Todavía no ocupan sus sillones municipales y ya exhiben una prepotencia inusual. Son tantas sus ansias de poder que, incluso, pierden de vista quiénes son y quiénes les han elegido.

Es lícito que a quienes han arrasado en las urnas se le suban los humos. Pero que les suceda lo mismo a los que obtuvieron un resultado mediocre no tiene justificación y estos días hemos asistido a un espectáculo bochornoso por parte de quienes –por encima de todo–, deberían dar ejemplo de servicio a la ciudadanía, que es, dicho sea de paso, para lo que han sido elegidos.

Durante  la negociación de los pactos hemos visto desde los que sólo desean el bastón de mando para lucirlo en procesiones, cediendo carteras importantes a sus socios de gobierno, hasta los que, desde el fracaso en las urnas, han pretendido llegar al poder a toda costa, pasando por encima de quien sea, para, al final, hacer el ridículo más absoluto.  

No soy quien para dar lecciones de moralidad a  nadie, pero pienso que si tuvieran un mínimo de dignidad deberían dimitir.





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