La protesta ‘Democracia Real Ya’ se extiende como una mancha de aceite por el país. No es una protesta anti-sistema, sino todo un movimiento ciudadano, que ha decido tomar la calle para expresar su indignación por la pésima gestión de la crisis y por la creciente pérdida de derechos sociales en los últimos meses. Pero, sobre todo, para defender su dignidad como personas a las que no se les tiene en cuenta.
El mensaje es claro: la sociedad quiere otra forma de dirigir el país; está harta de tanta partitocracia y del bipartidismo. Los políticos, sobre todo los dos mayoritarios, deberían tomar buena nota de lo que la calle respira para tratar de enderezar nuestra democracia, reformando o cambiando -si fuere preciso- nuestra obsoleta Constitución.
Un país que cuenta con distintas sensibilidades territoriales no puede ser gobernado de forma ajena a ellas como lo han venido haciendo PSOE y PP, los dos partidos que vienen alternándose en el poder desde la restauración de la democracia en España. Gobernar de espaldas a esta realidad es, entre otras cosas, lo que ha conducido a la protesta. Y los ciudadanos han dicho basta. No ha hecho falta que les convocara nadie. Libremente han hecho uso de su legítimo derecho a manifestarse porque están hartos de la politización de la Justicia, del excesivo gasto de la Administración, de la corrupción...
Nos conviene un soplo de aire fresco.