La expresión de Pepe cuando fue expulsado el miércoles era extrañamente tranquila. Él, que es un broncas consumado, parecía resignado. ¿Por qué? Porque él mismo, su jefe Mourinho y todo el madridismo ya tenían la excusa perfecta para erigirse otra vez en víctimas de una conspiración villariano-platiniana-uefera. ¡Ni que Franco hubiese resucitado con su «contubernio judeomasónico»! ¡Si aún queda la vuelta y el Real es perfectamente capaz de remontar! Pero no. Lo importantes es lloriquear. E ignorar la mano intencionada de Sergio Ramos que se quedó sin tarjeta. Y quejarse de la amarilla justísima que sí recibió Ramos el rompecopas. Y no hablar del pisotón de Marcelo a Pedro. Puede que la expulsión de Pepe fuese exagerada. Pero quien juega con fuego acaba quemándose. Pepe es como el conductor que se salta el semáforo en rojo una y otra vez y que tiene la suerte de que el urbano que le ve sea un bonachón y no le multe. Hasta que un día se lo pasa en amarillo y va y sí le multan. ¡Qué injusticia! ¿Y las veces que se ha librado de la multa? Por cierto, a quien debería fichar Florentino es a Pinto. No merece estar en el Barça. No porque no sea un buen portero sino porque su estilo agresivo, tramposo (como los silbidos que despistaron a un rival) y barriobajero es perfecto para el Madrid de Mourinho, el mejor entrenador del mundo... montando broncas.