Decía un escritor polaco que la ignorancia humana no permanece detrás de la ciencia, sino que crece tan rápidamente como ésta. Con lo ocurrido en las centrales de Japón, la resurrección demagógica de Hiroshima ha estallado entre la profesión periodística y estamos asistiendo a un amarillismo pseudoecologista que parece querer tomar a los ciudadanos por verdaderos tontos, augurando el Apocalipsis.
Ténganlo claro: por muy mal que vayan las cosas en la central de Fukushima no habrá una explosión nuclear. Es del todo imposible que el núcleo de un reactor pueda dar lugar a una explosión atómica. Una bomba atómica es un mecanismo muy complejo, y el material de una central ni es el mismo, ni está sometido a las mismas condiciones que provocan una explosión nuclear. No será la bomba atómica, lo que no significa que no hayan otros peligros no menos importantes como la contaminación radiactiva, que esta podría ser muy devastadora si no se logra controlar el núcleo de los reactores y aislar el combustible (uranio o plutonio).
Conviene informarse mínimamente sobre este tema antes de crear una alarmismo innecesario, especialmente cuando se trata de cuestiones como ésta que no admite la opinión y sí requiere de pruebas verificables y contrastadas. Sería imperdonable que un artículo basado en errores pudiera sembrar una alarma infundada entre los ciudadanos.