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El país en llamas

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JOSEP MOYA ANGELER | 28/07/2012 10:51

Arde el país en todos los sentidos y todas las direcciones. No solamente se nos queman los bosques, sino que el edificio democrático está en llamas y quizás se derrumbe. La metáfora de lo sucedido en el Empordà respecto a la vida del país no puede ser más oportuna. De lo que fue una sociedad emprendedora, animosa y con empuje, sólo quedarán las cenizas de la gran decepción, el hundimiento económico y también el moral. Nos quedaremos, casi, sin fuerzas para reconstruir el Estado.
Pero el país arde también en la bolsa, en la prima de riesgo, en los bolsillos de las administraciones y hasta en el Congreso, donde Fernández Ordóñez ha hecho de bombero pirómano. En pleno verano y en vigilia de vacaciones hay manifestaciones que jamás habíamos visto en esta época. La prensa va cargada de tinta contra la clase política, capitaneada por un partido que se está dividiendo en dos o más trozos.
Hay quien no da demasiados días de vida política a Rajoy, cuya presencia –huidiza la mirada– es todo un poema. Los ciudadanos tienen la impresión de que hasta ahora la mecha se ha ido quemando, acercándose hasta la carga del barril de pólvora, y que ya no queda más mecha, por lo que o alguien le echa un cubo de agua o el barril va a estallar sin preverse las consecuencias.
Ahora, cuando ya casi no queda remedio para nada, surgen los lamentos por el tiempo perdido y la falta de visión de los problemas. Por fin, todos nos damos cuenta de que el barco se hunde y no hay botes salvavidas para todos. Como siempre, llegamos demasiado tarde.
No me atrevo –como la mayoría de ciudadanos– a vaticinar nada; la magnitud de la tragedia nos desborda. De este incendio sólo cabe esperar que se apague solo, pues nuestros modestos cubos de agua no pueden con esas llamas de seis metros que lo devoran todo en pocos segundos.
¿Luego? Luego, ya veremos si tenemos la suerte de caer en manos de buenos tecnócratas de Bruselas o si bien hemos de seguir escuchando a los pirómanos tipo Esperanza Aguirre que ya ha anunciado un «corralito» si no nos portamos bien. ¿Y ella y sus gentes, cuándo se ‘portaron bien’? ¿Cuándo jaleaban a Bankia? ¿Cuándo se endeudaron increíblemente? ¿Cuándo perdieron por dos veces la candidatura olímpica de Madrid?
La pregunta que está en la calle y no obtiene respuesta estos días es: ¿hay alguien que nos pueda sacar de ésta? No hay nadie, ni dispuesto a hacerlo ni capacitado para conseguirlo.
Hemos de bregar con lo que hay, una clase política asustada y mal preparada, unas deudas impagables por todas partes y unos bancos que te cobran por guardarte el dinero y jugar con él mientras no lo tocas.
Los catalanes, además, nos hemos quedado sorprendidos de que el Govern haya pedido ayuda económica a Madrid, porque aquí la cartera está vacía. Madrid nos pasará parte del dinero que Bruselas le va a prestar, ya que los fondos de ayuda que se crearon con cesiones de las autonomías deben estar secos. Se pide un dinero que salió de aquí y no ha regresado. Parte del dinero que quizás no debiera de haber salido nunca de Catalunya.
Esta solicitud, en lugar que tener un efecto humillante (ir a Madrid a pedir dinero) ha generado un efecto de mayor convencimiento independentista, porque todos estamos seguros que con lo que Catalunya recauda, sin solidaridades eternas, habríamos tenido de sobra. Por tanto, dentro la dureza de la situación los catalanes piensan más que nunca que hemos de cambiar la relación de fuerzas con el centro, ese centro que no desperdicia oportunidad para imponer su ley. Ese centro al que Alicia Sánchez Camacho estuvo atada a través del hilo telefónico para recibir órdenes de votar en contra en el Parlament, cuando ella mismo había anunciado que se abstendría. Que se preocupe de otras cosas esa señora en lugar de hacer de transmisora de órdenes de Madrid y, por ejemplo, empiece a crear esas multitudes de empleos que prometió antes de las elecciones, ya que con mayoría absoluta en el Congreso nadie le impide hacerlo. ¡Venga, Alicia, móntenos unos cuantos cientos de miles de puestos de trabajo que para usted esto debe ser fácil!
El dorso de esta moneda dominada por el fuego exterminador es la indiferencia con que algunos todavía emprenden camino de la playa para ahogar allí un agosto que puede ser de infarto. Ya en estos últimos días de julio, el descenso de actividad productiva ha sido notorio en toda España. Se ve que las vacaciones, como la siesta, el carajillo de media mañana y otros vicios, son intocables; derechos adquiridos por los que postulamos incluso con el mosén dándonos la extremaunción. Incorregibles.
Por eso cavilo que cuando esta crisis pase volverán todos los pecados de siempre, con los trepas de siempre y los corruptos de siempre. ¡Ya me gustaría a mí no tener razón! Pero este verano, con estos ardores, con el país en llamas, volverá a ser de lleno total en las playas, el lugar más aburrido donde se pueden pasar unas vacaciones, y perdónenme si con esto alguien se da por aludido u ofendido.





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