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La piel del lector

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JOSEP MOYA ANGELER | 19/11/2011 12:28

Ya sé que la lógica de la vida es que es absurda, porque tiene fin; la muerte la siega. Pero aceptada esta brutalidad por la cual un día desapareceremos, la vida puede construirse con un sentido que incluso haga de la muerte un momento de satisfacción por lo vivido. Pero nuestra sociedad, que vive aceleradamente creyendo que dominar las herramientas electrónicas enriquecen nuestras vidas, no gusta de reflexionar para entender qué somos y cómo queremos ser para estar a gusto con nosotros mismos y, si es posible, con los demás. Lo digo porque me asombra siempre la facilidad con que Josep M. Espinàs construye y expone su natural manera de contemplar la vida, sus gozos y sus miserias.

Isabel Martí, coeditora de los libros de Espinàs, me envía sus nuevos libros, y ahora –en días convulsos y con grandes dosis de absurdidad- lo ha hecho con Entre els lectors i jo que es la respuesta meditada que el autor da a ciertas cartas de sus lectores. Espinàs tiene quien le escriba, lo que le permite descubrir una gran variedad de caracteres, motivos de lectura y sobre todo de respuestas a sus ideas. El artículo, al final, no lo hace el autor sino el lector, ese ser indeterminado que tiene la buena fe de leernos, sin querer dejar nunca su independencia. A fin de cuentas es más independiente el lector que el escritor. Por eso el escritor debe evitar aconsejar, sin dejar de opinar, corroborando aquello de que los consejos están para no ser seguidos. Espinàs es de los sabios que dejan hacer a los demás, sin ser él pasivo.

Con Espinàs descubro siempre algo que ya sé, pero me suena a nuevo: ante todo que la vida es sutil y la condición humana es compleja; y que tener un estilo de vida cargado de pequeños detalles, de reflexiones cotidianas es más definitivo que tener un par de grandes ideas filosofales. Y que ser humano y realista te hace ser sincero y sencillo. Admiro la literatura sencilla y directa –bien lejos de ese Pla que se retuerce en las adjetivaciones- porque escribir como si compusiéramos una música de Mompou es huir de la tentación de la pedantería y porque la vida, pese a nuestro afán de trascendentalizarla, es sencilla (el ser humano, no; es una máquina de crearse problemas) y late en las pequeñas cosas mucho más que en las solemnes.

En este mundo en el que cualquiera te puede enviar un e-mail o hacerte una oferta por teléfono, creyendo que el atraco es legal e impune, el diálogo silencioso entre escritor y lector está cargado de misterio. ¡Cuántas veces tememos influir en exceso! ¡Cuántas gritaríamos a nuestros lectores: «por favor, no me haga demasiado caso»! ¡Y cuántas marcamos con una señal un peligro hacia el que buena parte de la sociedad va como atraída por un imán irremediablemente, sin que nada cambie! La lección de Espinàs es clara, porque ser una  bellísima persona no significa ser un blando: usted opine, que yo le respeto, pero me mantengo fiel a mis principios; en todo caso, gracias por su opinión, porque me ha hecho meditar.

No sé qué opinarán los lectores de cuanto escribimos los que lo hacemos a diario, hurgando en la realidad, buscando no ya una reflexión cualquiera, sino la segunda o tercera reflexión (que la primera ya la se la hace todo el mundo). Algunos deben creer que somos pequeños gurús de la autoayuda; otros, que somos pedantes que aireamos ideas sin tener derecho a ello. Habrá quien opine que el escritor es un ser frío con oficio que escribe poniendo trampas para que caigamos todos. Pero ¿alguien piensa que el escritor es un ser sensible, que medita por los demás y expone con lógica argumentos que el lector quizás no se ha planteado? La lógica, he aquí la pieza clave de todo escrito, he aquí la argumentación que mueve a Espinàs cuando reflexiona en Entre els lectors i jo: establecer una estructura de ideas lógicas y sencillas con las que urdir un universo sensato, equilibrado y realista. Porque si escribir ha de ser una evasión y, en consecuencia, leer se convierte en una evasión, entonces estamos perdiendo grandes oportunidades: la comunicación (ese misterio por el que hablamos y nos escuchamos recíprocamente, aceptándonos e influenciándonos) es la principal herramienta que convierte al hombre en un ser no sólo sociable sino con sentido de la vida.

Por eso, unos escribimos y todos leemos y escuchamos. Es uno de los privilegios de esta vida.





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