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El ‘loco’ que coleccionaba maratones

Joan Josep Sánchez se planteó el reto de hacer 18 maratones en una sola temporada. Lo acaba de lograr

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RAÚL COSANO | 26/05/2012 17:57

«Soy un armatoste, y por eso esto tiene más mérito», confiesa entre bromas Joan Josep Sánchez, desde sus 1,90 metros de estatura, poco después de completar su 18ª maratón en menos de un año. Sólo unos cálculos dan fe de su gesta: 759, 51 kilómetros recorridos sólo en competición, a los que hay que añadir los 100 de una ultramaratón y los más de 2.000 de entrenamiento; y todo eso en menos de 12 meses.
Ahora respira satisfecho, feliz por haber cumplido con su desafío. «Fue un reto que me propuse. Escuché que alguien había hecho 11 maratones en un año y yo me planteé la cifra de 14», recuerda, pero se sintió tan bien que han acabado siendo 18. «Me aporta una gran satisfacción personal, mucho bienestar, una subida de endorfinas», explica este profesor de tenis de 43 años, que ahora es cuidador de gente mayor y que sólo hace diez años que se dedica a correr. «Trabajé mucho tiempo de monitor de tenis y siempre me había interesado el deporte. Comencé a correr por probar, y luego vi que el running engancha. Es como una droga».

El ‘running’, esa ‘droga’
Y Joan Josep, atleta del Runnersworld Tarragona, cayó irremediablemente en esa seducción que es el atletismo, y que le atrapó sin remedio. Primero fue salir simplemente a entrenar, sin marcarse objetivos, sin atender con obsesión enfermiza a la dictadura del crono; luego llegaron las carreras de 10 kilómetros, después se atrevió con la media maratón y, por último, el escalón final: acometer una maratón, palabras mayores que, sin embargo, se han convertido en cotidianas para él. No fue difícil trazarse un plan de entrenamiento, a rebufo de la inercia que ya llevaba: «Normalmente entreno cinco días a la semana y en cada sesión hago entre 10 y 12 kilómetros. El plan era básicamente empezar a acumular kilómetros en las piernas y volumen de entreno».
Del 1 de junio de 2001 al 30 de mayo de 2012 debía llevar a cabo su inmenso desafío por todo el territorio español. El 19 de junio pasado empezó a edificar su hazaña, en la Maratón Toral de los Vados y ya desde ahí no paró: luego llegó la maratón de Río Boedo, en Palencia, la Maratón del Miño, en Ourense, la del Mediterrani, en Castelldefels, y la Maratón de Zaragoza. «A veces me iba con la familia a la ciudad en cuestión a pasar el fin de semana y otras veces viajaba solo. Dedico el éxito a mi familia. Sin ella no hubiera logrado este reto», comenta.
Su periplo discurrió también por casa: corrió la maratón Costa Dorada, y luego tocó la de Valencia, la de Málaga, la de Castellón y la de Gran Canarias. Se encontraba fuerte, pletórico, crecido y en plena forma, marcando un tiempo medio en la prueba de 4 horas y 15 minutos. Cada experiencia de devorar 42.195 metros se convirtió en un mundo, en una odisea a la que el cuerpo y la cabeza de Joan Josep acababan respondiendo, con más o menos dificultad. «La más dura fue la de Málaga… hacía mucho calor, había que dar cuatro vueltas a un mismo circuito y se hizo muy pesado. Me costó», rememora.

Tesón y fortaleza psicológica
Pero nada que su tesón y su impecable puesta a punto física no pudiera soportar. Y siguió con su itinerario: Sevilla, Badajoz, Barcelona, A Coruña y Madrid. Pero tan ‘on fire’ lucía Joan Josep que no se conformó. Por entonces, cuando ya había decidido intentar completar 18 en vez de 14, una nueva locura le motivó: «Había meses en los que hacía casi una maratón a la semana. Me vi que estaba bien, que me sentía con fuerzas». Parece incluso que los 42 kilómetros que tan bien conocía ya le sabían a poco. Imparable, dobló la distancia y en marzo acometió los 100 kilómetros del Alt Maresme, en Calella, una exigentísima prueba de ultrafondo, más kilometraje para un cuerpo sufrido y curtido. «Fue un recorrido muy duro. Fueron 16 horas corriendo. Sufrí sobre todo a partir del kilómetro 65. En distancias tan largas como estas el aspecto psicológico cuenta mucho».
 Ahí, en ese binomio piernas-cabeza, ha forjado Joan Josep los cimientos de su récord. «He trabajado mucho la faceta mental, para resistir. Psicológicamente soy muy fuerte, muy testarudo. Cuando se me pone algo en mente voy a por ello. Nunca he abandonado ninguna carrera», reconoce.
Esos 10.000 metros cubiertos con éxito en Calella fueron el arreón definitivo para la recta final. Ampúries, Victoria y este pasado fin de semana Aguilar de Campoo (Palencia) han sido sus últimos escenarios, lugares que le han visto coronar su heroicidad de 18 maratones, que elevan a 39 todas las que ha completado en su vida. «Me encuentro contento. Lo celebraré con una buena cena». La hazaña –en realidad, la sucesión de ellas– lo merece. «La próxima temporada seguiré, pero a otro ritmo, claro».





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