Consumidores, cámaras de comercio, negocios pequeños y sindicatos se oponen a una medida que ‘agravaría la situación’
Los comerciantes de la provincia rechazan frontalmente la ley que prepara el Gobierno para liberalizar horarios. El pequeño comercio, ya muy perjudicado por el descenso de ventas derivado de la crisis, considera que una medida así acabará por dar la puntilla. También cámaras de comercio, consumidores o sindicatos se oponen a esta libertad total de apertura. En el otro lado, están las grandes superficies. Así, la libertad de horarios es una antigua reivindicación de la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución, que engloba a firmas bien arraigadas en Tarragona como El Corte Inglés, Carrefour o Eroski.
El gremio minorista habla de poco margen de maniobra para hacer contrataciones, en el supuesto de que se ampliaran los horarios. «A los centros comerciales ya les va bien porque tienen ya un horario extenso y pueden jugar más con la plantilla. Aun así, no sé si sería ventajoso para ellos. Lo que está claro es que el pequeño comercio no se lo puede permitir. La mayor parte son negocios familiares y no se pueden hacer más horas», explica Joan Blázquez, presidente de la Associació de Comerciants la Via T, que arroja un dato esclarecedor: «El 80% de empleo lo da el pequeño comercio y el 80% de ventas la gran superficie».
Madrid ha aplicado la medida este mismo año, aunque los afectados creen que hay que considerar por separado la realidad comercial de cada lugar. «¿Quién puede pedir una libertad de horarios? A lo mejor zonas turísticas como el Passeig de Gràcia», admite Pasqual Chacón, presidente de la Confederació de Comerç de Terres de l’Ebre. «El debate se plantea en el peor momento, atendiendo la actual coyuntura económica que afecta negativamente la actividad comercial. Si hacemos una misma ley para todos habrá demasiadas víctimas colaterales. Es evidente que el que saldrá peor parado es el pequeño comercio», cuenta Isaac Sanromà, presidente de la Cambra de Comerç de Reus, que reivindica un valor clave, tanto en la capital del Baix Camp como en Tarragona: la proximidad. «La singularidad del tejido comercial de esta zona es precisamente la riqueza del pequeño y mediano comercio, profundamente vinculado a la ciudad. Su competitividad se puede ver afectada», añade Sanromà.
En la misma línea se muestra su homólogo de la Cambra de Tortosa. «La libertad de horarios sólo beneficia a las grandes superficies, en deterimento del pequeño y mediano comercio, que no puede competir con los costes que le supondrá. Es un error que va en contra del negocio. Es una ley pensada para un modelo de comercio americano, de grandes superficies comerciales en zonas apartadas del centro urbano. En Catalunya, nuestro modelo de comercio es urbano, de tienda pequeña, que ayuda a mantener la vida de sus calles», describe José Luis Mora.
El pequeño comercio sostiene que el máximo de apertura de 72 horas semanales y ocho domingos y festivos al año es un abanico más que suficiente. Muchos creen se agravaría la ya de por sí complicada conciliación de la vida laboral con la familiar.
Los sindicatos han puesto el grito en el cielo, en la medida en que afectará al trabajador. «Nuestra posición es mantener el sistema tal y como está. En Catalunya hay muchas zonas que son turísticas y que abren de lunes a domingo. Vemos que ampliar horarios perjudicará al trabajador, al que se le exigirá trabajar más días, aunque sean las mismas horas», explica Mari Carmen Cejas, delegada territorial del sector de comercio y hostelería de UGT, que se muestra recelosa con que una medida así pueda reactivar la economía: «No servirá para nada. En los últimos años se ha aumentando las zonas turísticas y se han ampliado días de trabajo pero no se han hecho más contrataciones».
Mercè Haro, secretaria general de la Federació de Comerç i Hosteleria de CCOO, añade: «Se perjudica al pequeño empresario porque no puede competir en personal. Va en detrimento de ese comercio de calidad que siempre hemos tenido aquí. Hay un interés comercial, no turístico. Las grandes marcas hacen contratos parciales de 20 ó 30 horas», comenta, poco optimista de cara al futuro: «Creo que esta ley se aplicará porque hay mucha presión empresarial».
Adiós al trato cercano
La mayoría de grandes almacenes de Tarragona se han mostrado partidarios de la nueva normativa. Para ellos, cuanta más liberalización, mejor. Mientras que el sector considera que la flexibilización permitriá a las empresas abrir en función de las preferencias del cliente y desarrollar todo su potencial inversor y creador de empleo, la Confederación Española del Comercio considera que la ley en marcha «no crea empleo sino que lo destruye y lo precariza». Para Leonor Bartolí, presidenta de la Unió de Botiguers de Reus, todo son desventajas: «En muchos centros comerciales no hay clientes durante muchas horas, así que puede que abrir no valga la pena. También perjudica al pequeño negocio en términos de cohesión social, porque no se podrá estar tanto con la familia. Aniquilar al pequeño comercio es perder ese trato especializado, más cercano, más de proximidad».
Las posturas a favor y en contra parecen irreconciliables. El Gobierno esgrime todo tipo de motivos, desde comerciales a sociales, pasando por demográficos. Algunos estudios acreditan que las comunidades que han tenido mayor apertura comercial han visto mejorar el tejido empresarial. Sostienen, además, que la diversificación de la tipología de hogares requiere un horario comercial distinto, sobre todo durante los fines de semana.
Por último, tampoco los clientes de establecimientos parecen estar por la labor, a pesar de poder disponer, en principio, de más libertad y flexibilidad para poder ir de compras. La organización Facua-Consumidores en Acción considera que una medida de esta índole puede fomentar «el consumo irracional e impulsivo».